Humanos
La rama que no mutó hacia rasgos diferenciados, aunque muchos desarrollaron poder elemental como cualquier otro pueblo de la península.
Un archivo reunido a lo largo de los años
He pasado años dándole forma a esta península, y por fin ha llegado el momento de compartirla. Desplázate: el archivo se va abriendo página a página.
I · Explorar
Cómo nació la península, y qué tierras la componen.
En un principio, el ser humano convivía en paz con los animales del campo, las criaturas voladoras y las bestias del mar. Todos ocupaban su lugar en la naturaleza, y la cadena alimenticia gobernaba el mundo con orden silencioso.
Un día, sin previo aviso, el planeta se vio envuelto por una extraña nube galáctica que desprendía cantidades insanas de radiactividad. Gran parte de los seres vivos murió, dejando el mundo medio vacío. El sol se puso rojo, y el mar se tiñó de sangre durante cientos de años.
Adaptarse o morir. Esa frase marcó a la pequeña humanidad que logró resistir la radiación. Con el paso de los años, tanto animales como personas se reprodujeron desarrollando cada vez mayor resistencia — hasta que se comprendió que ya no quedaban animales: quedaban monstruos. Así nació la primera Generación de Cazadores, para contener a las criaturas que asolaban el mundo. La Península de Valorian es uno de los pocos territorios que sigue resistiendo la oleada incesante de bestias.
La radiación no solo engendró monstruos: también transmitía energía a quien la sobrevivía. Nació así la era de los Elementales — los primeros humanos con resistencia total a la radiactividad, capaces de crear energía y transformarla en un elemento según su propia naturaleza: agua, fuego, tierra, o la propia energía de los cielos. Con el paso de las generaciones ese don se extendió por buena parte de la población — pocos son ya los que nacen sin ningún poder elemental. Pero el don verdadero, el que decide cuándo empieza una guerra y cuándo termina, sigue siendo raro.
La mutación torció también el destino de parte de la humanidad hacia rasgos compartidos: a unos les alargó las orejas y les concedió vidas más largas — los elfos. A otros les redujo la estatura a cambio de una fuerza descomunal — los enanos.
La rama que no mutó hacia rasgos diferenciados, aunque muchos desarrollaron poder elemental como cualquier otro pueblo de la península.
Mayor longevidad, orejas alargadas. Tradicionalmente concentrados en Serendipia, hoy dispersos por toda la península tras el ataque a su ciudad.
Menor estatura, mayor fuerza física. Habitantes de El Hierro, reino con monarquía propia.
Humanos, elfos o enanos con resistencia total a la radiación y capacidad de generar energía. La mayoría de la población tiene algún don; el poder verdaderamente fuerte sigue siendo raro.
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Trece lugares señalados. El archivo se irá ampliando a medida que la crónica avance.
II · Conocer
Un granjero con más pasado del que aparenta, una elfa sin ningún don, y quienes los rodean.
Fuerza y velocidad fuera de lo común, concentradas en las piernas. Aparece cuando la ciudad más lo necesita, y desaparece igual de rápido.
Elfo que reniega de su propia cultura y de todo lo que la rodea, por motivos que todavía no ha contado a nadie.
Ballesta al hombro y un cinturón entero de viales alquímicos. Habla poco; actúa cuando hace falta.
III · Consultar
Y, en las sombras, los Cinco Dedos — una organización que no responde ante ningún gremio de cazadores.
IV · Leer
El inicio de una nueva era, contado por el propio Harmondez.
«Esta es una de esas historias: la de dos hermanas que huyen de una ciudad en llamas, la de una daga que guarda más poder del que deja ver, y la de un hombre que abandonó el mundo para protegerlo desde lejos.»Del prólogo
La crónica continúa
El prólogo es solo la puerta. Lo que sigue todavía se está escribiendo en este archivo.
Empezar a leer(próximamente)